sábado, 31 de julio de 2010

EL DOCENTE EN LOS ALBORES DEL SIGLO XXI

Durante siglos, el conocimiento se entendió como algo primordialmente interno a la persona (saber): el que más sabía en este sentido era mejor, poseía una imagen más aceptable, era más reconocido. En tiempos más recientes, el concepto de conocimiento dio prioridad a la aplicación del mismo, a la práctica y los resultados (saber hacer). Hoy día, se reconocen ambos conceptos y se añaden dos más. Saber ser (valores y actitudes) y saber convivir.
La docencia requiere mediar la construcción del conocimiento, construir herramientas para la investigación, incorporar las nuevas tecnologías de la información, mejorar la gestión escolar, así como sistematizar experiencias de aprendizaje requiere una formación que permita a los docentes actuar con profesionalismo y hacer de su tarea una actividad gratificante que posibilite transformar nuestras instituciones educativas en espacios con sentido humano, abiertos al dialogo y a la solución de problemas de índole individual y colectiva.

Desde el 2004 se inicio un serie de cambios en el Modelo Curricular de las Escuelas Tecnológicas que imparten Educación Media Superior, así se logro implantar el Nuevo Modelo Curricular en el ciclo 2004-2005. De ahí en adelante la Subsecretaría de Educación Media Superior ha venido promoviendo una serie de cambios que permitan articular e implantar un modelo educativo integral y pertinente para asumir con responsabilidad el presente, en la Reforma Integral de la Educación Media Superior, modelo que comprende y alienta continuamente un proceso de formación humana en todas las etapas de la vida, a la vez que faculta para responder por los egresados como seres sociales transformadores, con destrezas adquiridas, creatividad, claridad de criterio y solidaridad.
Su implantación permitirá una mayor flexibilidad de tránsito dentro del sistema educativo e impulsará las oportunidades de calidad y pertinencia de los procesos educativos que se desarrollan en el interior de los planteles, en vinculación con el medio social y natural que los rodea.
El contexto socioeconómico y cultural mundial comporta cambios muy importantes que también se expresan en nuestro país; la educación no puede ser ajena a estos fenómenos y debe considerarlos para poder cumplir su función social. Al respecto, puede destacarse que, en múltiples foros y documentos, se ha encomendado a la educación que los individuos y los grupos tengan una participación exitosa en la sociedad del conocimiento; que contribuyan a la resolución de problemas y al mejoramiento en las condiciones de vida desde la perspectiva del desarrollo sustentable; que estén en condiciones de aprender a lo largo de la vida; que cuenten con los elementos para responder a las demandas del mundo del trabajo y de la sociedad; que tengan y demuestren conocimientos y competencias conforme a estándares nacionales e internacionales y que esto les permita transitar más libremente en la esfera de los estudios y del empleo, valorar la multiculturalidad y convivir en la democracia.
Es ampliamente reconocido que la aplicación de las diferentes corrientes psicológicas en el terreno educativo, ha permitido ampliar las explicaciones entorno a los fenómenos educativos e intervenir en ellos.
Así, la postura constructivista se alimenta de las aportaciones de las tendencias psicológicas asociadas genéricamente a la psicología cognitiva: el enfoque psicogenético piagetiano, la teoría de los esquemas cognitivos, la teoría Ausubeliana de la asimilación y el aprendizaje significativo, la psicología sociocultural vigotskiana, así como alguna teorías insurreccionales, entre otras. A pesar de que los autores de éstas se sitúan en encuadres teóricos distintos, comparten el principio de la importancia de la actividad constructiva del alumno en la realización de los aprendizajes.
La concepción constructivista del aprendizaje escolar y la intervención educativa, constituye la convergencia de diversas aproximaciones psicológicas a problemas como:
 El desarrollo psicológico del individuo, particularmente en el plano intelectual y en su intersección con los aprendizajes escolares.
 La identificación y atención a la diversidad de intereses, necesidades, motivaciones de los alumnos en relación con el proceso enseñanza-aprendizaje.
 El replanteamiento de los contenidos curriculares, orientados a que los sujetos aprendan a aprender sobre contenidos significativos.
 La búsqueda de alternativas novedosas para la selección, organización distribución del conocimiento escolar, asociadas al diseño y promoción de estrategias de aprendizaje.
 La importancia de promover la interacción entre el docente y sus alumnos, así como entre los alumnos mismos, a través del manejo del grupo mediante el empleo de estrategias de aprendizaje cooperativo.

La revalorización del papel del docente, no solo en sus funciones de transmisor del conocimiento, guía o facilitador del aprendizaje, sino como mediador del mismo, enfatizando el papel de la ayuda pedagógica que presta reguladamente al alumno.
El constructivismo postula la existencia y prevalencia de procesos activos en la construcción del conocimiento: habla de un sujeto cognitivo a portante que claramente rebasa a través de su labor constructiva lo que le ofrece su entorno (comportamiento y aprendizaje enfatizados en la mecanismos de influencia sociocultural) v. gr. Vigotsky.
El constructivismo es la idea que mantiene que el individuo, tanto en los aspectos cognitivos y sociales del comportamiento como en los afectivos, no es un mero producto del ambiente ni un simple resultado de sus disposiciones internas, sino una construcción propia que se va produciendo día a día como resultado de la interacción entre esos dos factores. En consecuencia, el conocimiento no es una copia fiel de la realidad, sino una construcción del ser humano. Construcción que finalmente realiza con los esquemas que ya posee, es decir, con lo que ya construyó en su relación con su medio.
El proceso de construcción depende de dos aspectos fundamentales:
 De los conocimientos previos o representación que se tenga de la nueva información o de la actividad o tarea a resolver.
 De la actividad externa o interna que el aprendiz realice al respecto.
Desde la postura constructivista se rechaza la concepción del alumno como un mero receptor o reproductor de los saberes culturales, así como tampoco se acepta la idea de que el desarrollo es la simple acumulación de aprendizajes específicos. Por lo tanto la institución educativa debe promover el doble proceso de socialización y de individualización, la cual debe permitir a los educandos construir una identidad personal en el marco de un contexto social y cultural determinado.
Por lo que se resume: el alumno es el responsable de su propio proceso de aprendizaje (aprender a aprender) o más bien reconstruye los saberes de su grupo cultural, y este puede ser un sujeto activo cuando manipula, explora, descubre o inventa, incluso cuando lee o escucha la exposición de los otros.
La actividad mental constructiva del alumno se aplica a contenidos que poseen ya un grado considerable de elaboración. En este sentido el alumno más bien reconstruye un conocimiento preexistente en la sociedad, pero lo construye en el plano personal desde el momento en que se acerca de manera progresiva y comprensiva a lo que significan y representan los contenidos curriculares como saberes culturales.
Hoy día los docentes deben hacer posible de que “los alumnos vean su escuela y su aula como una comunidad de aprendizaje y de indagación (Santos Rego 1990, 1991) en la que no sólo se fomenta la interdependencia positiva, la autorregulación y el trabajo cooperativo con los otros, sino que se favorece también la construcción de sujetos con sentido de responsabilidad y solidaridad comunitaria.”
De tal forma que el docente debe abandonar el rol del que enseña y su marcada verticalidad en el desarrollo de los temas, para asumir el rol de mediador del conocimiento, asesorando al joven en incesante búsqueda de su forma de aprender, apoyándose en sus conocimientos previos y que a partir de ellos inicie la construcción de nuevos conocimientos que sean transferibles a la vida cotidiana por lo que le daría al estudiante un alto grado de significatividad la labor que está desarrollando y al mismo tiempo pueda resolver situaciones de su entorno, traduciendo su aprendizaje en competencias: una competencia es el conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores que le permiten a una persona desempeñarse exitosamente en la organización de una tarea.
La Reforma Integral de la Educación Media Superior destaca entre su fundamento los cuatro principios definidos por la UNESCO para la educación para la vida: aprender a conocer; aprender a hacer; aprender a convivir y aprender a ser. Se trata de un cambio fundamental respecto de los antiguos sistemas de enseñanza. Ahora el enfoque está puesto en aprender a aprender y, en consecuencia, requiere la participación activa de los estudiantes.
Aprender a conocer es fundamental puesto que vivimos en la era de la información y la comunicación y todos los días la humanidad está produciendo conocimientos nuevos y el joven debe desarrollar habilidades que le permitan evaluar si la información que recibe es correcta.
Aprender a hacer es la esencia del enfoque de competencias, en el que se ha construido el Marco Curricular Común (MCC) que determina la RIEMS, el cual articula las distintas opciones de Educación Media Superior en México, respetando su diversidad. Como señala la UNESCO, se trata no sólo de adquirir una calificación profesional, sino desarrollar competencias que permitan a las personas enfrentar diversidad de situaciones que caracterizan la compleja vida actual.
El mundo, pues, ha cambiado. Nos encontramos en otra era y, como vemos muy distinta. El profesor está íntimamente ligado a esta nueva sociedad basada en la información, tiene, por consiguiente, que saber informática, conocer las vías de la información, para acompañar a sus alumnos durante el proceso enseñanza-aprendizaje; de lo contrario sus alumnos lo verán como un ser digno de museo, un elemento antiguo y ultrapasado.
La osadía de ser maestro, facilitador, mediador, profesor, en el siglo XXI está en nuestras manos. Enfrentemos estos cambios con responsabilidad, madurez y paciencia, seamos competentes y sintámonos orgullosos de nuestra profesión.
“Un maestro toma una mano, abre una mente, toca un corazón y moldea el futuro”.