Ser docente ha sido para mí una aventura gratificante, ya que me ha permitido conocer formas de pensar y actuar. Recuerdo que mi padre quería que estudiará para profesor de educación primaria y en ese momento le dije que no, que no pensaba ser maestro. Sin embargo por cuestiones del destino llegue a ser maestro e inicié esta maravillosa aventura; de la cual no estoy arrepentido, disfruto el compartir con mis alumnos día a día nuevas experiencias, experiencias que nos construyen juntos.
En la incipiente tarea del docente se tiene muchos prejuicios, temores, dudas que solamente el tiempo podrá darnos respuesta, eso es lo que a veces sentía que me ataba, sin embargo al paso del tiempo pude ir logrando la seguridad en mí mismo y transmitirla también a mis alumnos.
Considero que hay diferentes formas de enseñar, como hay diferentes formas de aprender y cada clase es una nueva enseñanza, como también un nuevo aprendizaje, tanto para el profesor, como para el alumno.
A lo largo de estos años de servicio pienso que hay que educar para la vida, que los conflictos son la sal y la pimienta en el quehacer educativo y enfrentarlos nos permiten crecer como profesionales, también he aprendido que de nada sirve quejarse sino que hay que trabajar con la calidad de alumno que a uno le toque. No hay que olvidar que la labor del maestro es siempre una aventura y un reto constante.
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